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Tratado Global sobre Contaminación por Plásticos y Consumo Regional

Qué se decide hoy (rápido y claro):
Del 5 al 14 de agosto se negocia en Ginebra el primer tratado global contra la contaminación por plásticos. El choque: ¿limitar producción o enfocarse solo en reciclaje? La mayoría empuja por recortes reales; los petroestados quieren mantener el foco en residuos. 

Qué se discute (rápido):

  • Limitar producción de plásticos vírgenes y prohibir aditivos tóxicos.

  • Ecodiseño, reutilización, responsabilidad extendida del productor.

  • Financiamiento para infraestructura de residuos en países emergentes. 

Por qué importa (más allá del océano):
El 85% de la basura marina de origen terrestre es plástico; el reciclaje global ronda el 9%. Si no se recorta la producción, la contaminación seguirá creciendo aunque reciclemos más. 

Por qué importa (más que “reciclar”):
Aunque reciclemos más, si la producción sigue subiendo, la contaminación también. En la UE, el reciclado postconsumo apenas llega al 10,1% de la producción; globalmente se recicla ~9%

Nuestra postura como HUNE (activismo con producto):
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Hacia un Tratado Global contra el Plástico: la contaminación bajo la lupa

Un llamado urgente: la crisis de contaminación plástica

En estos días, delegados de 184 países se reúnen en Ginebra para avanzar en un Tratado Global sobre Plásticos impulsado por la ONU. El objetivo central de este acuerdo vinculante es frenar la sobreacumulación de plástico en el planeta, considerada ya una de las tres grandes crisis ambientales globales. Se busca adoptar medidas urgentes para reducir la cantidad de residuos plásticos, dada la magnitud del impacto no solo en ecosistemas, sino también en la salud humana. De hecho, el borrador del tratado propone abordar el plástico a lo largo de todo su ciclo de vida: regular la producción, distribución y disposición final de los desechos plásticos, mejorando el diseño de productos para una economía circular y minimizando la liberación de microplásticos. También plantea prohibir vertederos a cielo abierto y la quema de residuos, limpiar la contaminación existente, aplicar la responsabilidad extendida del productor y asegurar una transición justa para los trabajadores de la industria. Existe un amplio consenso científico, político y social en la necesidad de este tratado; sin embargo, las negociaciones enfrentan tensiones sobre puntos clave como limitar la producción de plástico virgen y prohibir ciertos químicos tóxicos utilizados en plásticos

Algunas cifras contundentes sobre el plástico:

  • 460 millones de toneladas: plástico producido cada año en el mundo (se estima que 81% de los productos plásticos se convierten en residuo en menos de 12 meses, y solo 9% se recicla).

  • 150 kg por persona al año: consumo promedio de plástico en Europa Occidental, más del doble de la media mundial (unos 60 kg por habitante).

  • 13,4 millones de toneladas de CO₂: emisiones anuales atribuibles a la producción de plástico en la Unión Europea.

  • 85% de la basura marina de origen terrestre: proporción de desechos en el océano que son plásticos (acaban en el mar a través de ríos, alcantarillado y mala gestión de residuos).

  • 1000+ ríos: según un estudio de Science, poco más de un millar de ríos son responsables de transportar cerca del 80% de los plásticos que llegan al océano.

Negociaciones en Ginebra: producción vs. reciclaje

Las negociaciones del tratado, que concluyen el 14 de agosto en Ginebra, han evidenciado una pugna entre países sobre cómo afrontar la contaminación plástica. En la mesa de discusión se pusieron propuestas ambiciosas: reducir la producción de plásticos de un solo uso, prohibir aditivos químicos peligrosos, establecer directrices de ecodiseño y articular financiamiento internacional para la transición hacia alternativas más sostenibles.No obstante, un grupo de países productores de petróleo –con Rusia y Arabia Saudita a la cabeza– ha intentado desviar el debate hacia la gestión de residuos y el reciclaje, eludiendo compromisos para recortar la producción de plásticos vírgenes.

El enfrentamiento quedó patente cuando el presidente de las negociaciones, el embajador ecuatoriano Luis Vayas, presentó un nuevo borrador de tratado que eliminaba o suavizaba puntos que incomodaban a esos países petroquímicos. El texto fue recibido con un rechazo masivo por una abrumadora mayoría de delegaciones de todas las regiones (Latinoamérica, Asia, África, la Unión Europea e incluso pequeños estados insulares).Las críticas al borrador se enfocaron en su “escasa ambición” y “debilidad”: faltaban medidas firmes para controlar la producción de plástico, referencias al impacto en la salud humana, y habían desaparecido propuestas de restringir el uso de aditivos químicos tóxicos. En otras palabras, el documento diluía los compromisos más duros, presumiblemente para contentar a ciertos intereses industriales, lo que generó decepción tanto en la sociedad civil como en la mayoría de países comprometidos con frenar esta crisis.

Por un lado, más de 100 países (incluyendo a la Unión Europea, numerosas naciones de África, Asia, América Latina y pequeños estados insulares) están impulsando límites estrictos a la producción de plásticos nuevos y medidas globales de gestión responsable.Por otro lado, potencias con grandes industrias petroquímicas se resisten a cualquier tope vinculante: Estados Unidos, por ejemplo, pese a haber apoyado inicialmente un plan ambicioso bajo la administración Biden, ahora “empuja para evitar limitar la producción de plástico” en estas negociaciones.De hecho, países como Argentina han mantenido un perfil bajo y se han alineado con la postura estadounidense: su delegación confirmó la intención de firmar un acuerdo global, pero oponiéndose a fijar límites a la producción de plástico o a ciertos químicos preocupantes para la salud. Esta posición más flexible contrasta con la de vecinos latinoamericanos como Colombia o Costa Rica, que abogan por mayor regulación.

Desde el otro extremo, organizaciones ambientalistas y científicos advierten que un tratado débil sería una oportunidad perdida. “Si va a haber un tratado, queremos que sea uno bueno y ambicioso. Si va a ser un documento solo para cumplir, mejor es no tenerlo. No queremos que esto sea un Acuerdo de París” (es decir, solo declaraciones simbólicas sin fuerza).señaló María Esther Briz, de la alianza GAIA para América Latina. Su mensaje refleja la preocupación de la sociedad civil: un pacto global contra el plástico debe atacar toda la cadena de contaminación, no solo el final. En la misma línea, la OCDE ha advertido que si el tratado se enfoca únicamente en mejorar la gestión de residuos y no aborda la reducción de la producción ni de la demanda, para 2040 seguirían filtrándose al medio ambiente 13,5 millones de toneladas de desechos plásticos cada año.En resumen, sin frenar la producción en la fuente, el problema seguirá creciendo a un ritmo insostenible.

Impacto ambiental: océanos y microplásticos

Los océanos se han convertido en las víctimas finales del exceso de plástico. A escala global se producen unas 460 millones de toneladas de plástico al año, y el 81% de los productos plásticos se convierten en residuo en menos de doce meses. Apenas un 9% del plástico desechado se recicla, mientras que el resto termina en vertederos o se dispersa en la naturaleza.Como consecuencia, alrededor del 85% de la basura marina que proviene de tierra firme es plástico.Este flujo imparable de residuos va formando verdaderas “islas” de basura en el mar: se estima que hay cinco grandes parches de plástico flotante en los océanos del planeta. El más grande, en el Pacífico Norte, tiene una extensión aproximada tres veces el tamaño de Francial. – una superficie inimaginable cubierta de restos plásticos acumulados por las corrientes.

La contaminación plástica marina no solo afecta a la estética de las playas o a la vida silvestre; también supone riesgos para nosotros. En la Unión Europea, por ejemplo, la liberación involuntaria de microplásticos (pequeñas partículas desprendidas de plásticos más grandes o pellets industriales) ha aumentado un 9% recientemente, contaminando suelos, ríos y mares.Esos microplásticos son ingeridos por fauna acuática y acaban entrando a la cadena alimentaria humana.Estudios han detectado micropartículas de plástico en prácticamente todos los rincones del planeta, incluso en el hielo del Ártico y en aguas profundas (lugares remotos donde jamás llega el ser humano directamente). Un estudio publicado en Science (2021) concluyó que más de 1000 ríos –principalmente en regiones densamente pobladas– arrastran alrededor del 80% de los plásticos que desembocan en el océano. lo que demuestra que la mala gestión de residuos en cualquier parte del mundo puede tener impacto global.

Un problema de salud global

La crisis del plástico ya no es solo ambiental, sino también una preocupación sanitaria. Investigaciones recientes revelan que estamos incorporando plástico en nuestro propio cuerpo sin saberlo. Se han encontrado microplásticos en el aire que respiramos, en el agua que bebemos e incluso dentro de órganos humanos. De hecho, por primera vez científicos hallaron partículas de polímeros en la sangre y en la leche materna de personas.Esto significa que, desde el vientre materno, la vida humana está expuesta a la contaminación plástica de formas que apenas empezamos a entender.

Aunque todavía se investigan los efectos a largo plazo, los reportes preliminares apuntan a posibles daños. ¿Qué le hacen al cuerpo esas micropartículas? Los expertos temen que puedan desencadenar enfermedades asociadas al sistema inmunológico y al cardiovascular, entre otros.Algunas partículas son tan diminutas que logran atravesar membranas celulares o acumularse en órganos como hígado, riñones e incluso el cerebro. Si bien falta mucho por descubrir, la lógica es preocupante: al tratarse de materiales extraños no biodegradables, el organismo podría reaccionar con inflamación u otras respuestas adversas. “Tenemos que regularlos, tener reglas claras e información suficiente para desarrollar políticas que nos alejen de daños nocivos”, concluyó Michelle Reyes, médica e investigadora sobre contaminación plástica en Filipinas. Proteger el medio ambiente del plástico es también proteger nuestra salud presente y futura.

Consumo excesivo: el plástico en números

La producción y consumo de plásticos no dejan de crecer en las últimas décadas, especialmente impulsados por estilos de vida de usar-y-tirar. En 1950 se producían apenas 2 millones de toneladas anuales; para 1980 ya eran ~70 millones, y en 2020 superamos los 460 millones de toneladas. Si no actuamos, la tendencia continuará exponencialmente: las proyecciones indican que la producción mundial de plástico podría más que duplicarse para 2050.Este auge viene acompañado de un enorme desperdicio y contaminación, porque el reciclaje global se ha quedado muy rezagado (menos del 10% del plástico se recicla eficazmente).

Las cifras de consumo per cápita evidencian desigualdades, pero también el aporte de cada región al problema. En Europa Occidental, cada habitante utiliza en promedio unos 150 kg de plástico al año, más del doble de la media mundial (~60 kg). Este estilo de vida altamente dependiente del plástico implica que Europa no solo genera muchos residuos, sino también emisiones: la fabricación de plásticos en la UE conlleva 13,4 millones de toneladas de CO₂ emitidas cada año.(agravando la crisis climática). Si Europa no cambia de rumbo, su uso total de plásticos podría alcanzar los 101 millones de toneladas en 2040, según estima la OCDE.

En contraste, países en desarrollo como Argentina tienen consumos per cápita menores pero en alza: un argentino promedio consume unos 42,7 kg de plástico al año.Aun con esa cantidad más modesta, Argentina se posiciona como el tercer mayor productor de plástico de América Latina (detrás de Brasil y México).El crecimiento industrial global hace que cada vez más regiones contribuyan a la demanda de plástico, sin que los sistemas de reciclaje locales logren ponerse a la par. Por ejemplo, la industria europea del plástico reconoce ciertos avances, pero los plásticos reciclados post-consumo apenas representan el 10,1% de la producción en Europa.En Argentina, los plásticos de un solo uso (como envases) tienen un reciclaje efectivo de solo 9,3%.Esto significa que más del 90% de esos materiales terminan como basura. Y cuando la gestión de residuos falla –situación común en muchos países–, una parte importante de ese plástico mal dispuesto llega a ríos, mares o entornos naturales. Organizaciones ambientalistas señalan que Argentina, por ejemplo, carece de una Ley de Envases integral y arrastra una “gran deuda” en legislación plástica, lo que hace que toneladas de desechos plásticos terminen dispersos o en basurales a cielo abierto cada año.

Soluciones en la mira: reducir, reciclar, rediseñar

Dada la dimensión del desafío, ¿qué cambiar para que cambie todo? Los expertos coinciden en que no hay una bala de plata; se requiere un enfoque múltiple que incluya a gobiernos, industria y consumidores. En primer lugar, urge reducir la producción y el consumo de plásticos vírgenes (de primer uso). Esto implica impulsar alternativas reutilizables y sistemas de retorno: por ejemplo, ampliar los esquemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) más allá de las botellas de bebida, para envases de todo tipo. También significa diseñar productos con pensamiento ecológico: priorizar materiales duraderos, fácilmente reciclables y libres de químicos tóxicos. Una mejor durabilidad, reparabilidad y reutilización de productos (desde empaques hasta artículos de electrónica de consumo) puede marcar una gran diferencia en sectores que hoy concentran la mayor parte del plástico, como la construcción, los muebles, los textiles y la tecnología.

Las negociaciones internacionales en Ginebra están considerando justamente medidas en esa línea. Se discute eliminar gradualmente los plásticos de un solo uso no esenciales, estandarizar el ecodiseño para que todos los plásticos nuevos sean reciclables o reutilizables, y prohibir aditivos peligrosos (como ciertos plastificantes y PFAS) que dificultan el reciclaje y dañan la salud.Junto con ello, se busca movilizar financiación para que los países en desarrollo mejoren sus infraestructuras de gestión de residuos.– porque de nada sirve reducir en un lugar si en otros rincones del mundo los desechos siguen terminando en ríos y océanos.

El reciclaje, por supuesto, es parte de la solución pero no la panacea. Debemos aumentar las tasas de reciclaje con nuevas tecnologías e incentivos, pero conscientes de que no podremos reciclar el 100% del plástico consumido (y menos si la producción sigue creciendo sin freno). Incluso en un escenario optimista de políticas ambiciosas, la OCDE estima que los residuos plásticos mal gestionados podrían aumentar un 47% hacia 2040 si no se recorta sustancialmente la producción. Dicho de otro modo: sin recorte de producción, la contaminación plástica seguirá creciendo aunque mejoremos el reciclaje.Por ello, numerosas ONG y expertos insisten en desacoplar el crecimiento económico del consumo de plástico.promoviendo economías circulares y modelos de negocio innovadores (por ejemplo, productos de larga vida, sistemas de refill y venta a granel, materiales compostables donde sea viable, etc.).

En última instancia, enfrentar esta crisis requiere voluntad política y participación ciudadana. Un tratado global ambicioso sería un gran paso, estableciendo un marco común y metas obligatorias para todos los países. Pero mientras ese acuerdo se concreta y entra en vigor, cada uno de nosotros –ciudadanos, empresas y gobiernos locales– puede actuar ya: reducir el uso de plásticos desechables en nuestra vida diaria, exigir embalajes sostenibles, apoyar a empresas que innovan con materiales reciclados o biodegradables, y presionar a los líderes para que adopten regulaciones más estrictas. La contaminación por plásticos es un problema creado en el lapso de una generación, y con esfuerzos conjuntos podríamos revertir la tendencia en la próxima.

El rol de HUNE: tecnología con conciencia

En HUNE nos tomamos muy en serio esta problemática y formamos parte de la solución desde nuestra trinchera: la industria tecnológica. Somos una empresa de tecnología sostenible (“tecnología a conciencia” es nuestro lema) y diseñamos electrónicos eco-responsables que armonizan con la naturaleza y la comunidad. Esto significa que aplicamos muchas de las estrategias mencionadas arriba: usamos materiales con menor impacto ambiental, fomentamos el ecodiseño y la modularidad, y priorizamos la durabilidad y reparabilidad de nuestros productos para extender su vida útil y reducir residuos. Sabemos que el sector de electrónica de consumo es uno de los grandes usuarios de plástico, por lo que mejorar el diseño y la vida útil de los gadgets puede marcar una diferencia real en la reducción de desechos.Por ejemplo, nuestros auriculares y cargadores están libres de plásticos de un solo uso en su empaque, incorporan componentes reciclados cuando es posible, y están pensados para que el usuario pueda seguir utilizándolos por años sin necesidad de reemplazo constante.

Como marca climáticamente responsable (certificada por iniciativas independientes), en HUNE apoyamos activamente las iniciativas globales para frenar la contaminación. Aplaudimos el esfuerzo internacional hacia un Tratado Global contra los Plásticos y alzamos la voz como activistas corporativos para que dicho acuerdo sea ambicioso y efectivo. Creemos que la innovación y el mercado pueden (y deben) ir de la mano con la sostenibilidad: demostramos que es viable crear dispositivos electrónicos de alta calidad reduciendo a la vez la huella plástica y de carbono.

¿Qué puedes hacer tú? Te invitamos a sumarte al cambio: reduce tu consumo de plásticos desechables, recicla correctamente, apoya con tu compra a empresas comprometidas con el medio ambiente y mantente informado. En nuestro blog de HUNE seguiremos cubriendo el avance de este tratado global sobre plásticos y compartiendo consejos para un estilo de vida más sostenible. Juntos –consumidores, empresas y gobiernos– podemos impulsar un futuro donde la tecnología y la naturaleza coexistan en equilibrio, sin que el plástico ahogue el planeta. ¡La revolución verde también es tecnológica y está en marcha! 🌱🤝

Fuentes: El Boletín,La Vanguardia/EFE.La Nación, entre otras. (Hemos recopilado datos de agencias de noticias y reportes científicos para asegurar la veracidad de la información presentada.)

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